Breaking News: La Inteligencia Artificial mató tu profesión. Otra vez.

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Breaking News: La Inteligencia Artificial mató tu profesión. Otra vez.

Todos los días en redes sociales aparece el mismo post de algún gurú de tendencias empresariales y tecnológicas anunciando el fin de las profesiones tal como las conocemos. La inteligencia artificial vino a acabar con todo, no importa si eres abogado, diseñador gráfico o cineasta. Tu profesión ya murió.

Cada vez que escucho esas predicciones me acuerdo de la "Gran Crisis del Estiércol de 1894". Me encantaría decir que llegué a esta historia leyendo algún libro o artículo, pero la primera vez que la escuché fue viendo Silicon Valley, la serie de HBO. La plantean como una analogía a un salto tecnológico importante, y creo que tiene igual validez hoy, cuando está de moda matar profesiones cada semana.

A finales del siglo XIX, las grandes ciudades del mundo enfrentaban un problema que parecía no tener solución: el colapso por los desechos. Con miles de caballos circulando por Londres, los cálculos de la época proyectaban que las ciudades quedarían literalmente enterradas en pocas décadas. El Times de Londres publicó en 1894 que, de continuar ese ritmo, cada calle quedaría enterrada bajo varios metros de estiércol en cincuenta años. Era, según los observadores del momento, el fin de la vida urbana tal como se conocía.

No pasó. Llegó el auto, el caballo desapareció de las calles, y con eso surgieron industrias, oficios y oportunidades que nadie había anticipado: mecánicos, ingenieros viales, urbanistas, industria petrolera, señalización vial, seguros de auto.

El patrón se repite. Cada vez que una tecnología amenaza con acabar algo, lo que realmente ocurre es una reorganización, no una desaparición.

Richard Susskind lleva décadas escribiendo sobre el futuro de las profesiones y tiene una idea que me parece interesante y honesta: el problema no es que la tecnología reemplace a los profesionales, sino que reemplaza las tareas que los profesionales hacen. Y esa distinción importa. Un abogado no desaparece, pero el abogado que pasaba ocho horas revisando contratos manualmente ya tiene un problema.

Lo mismo aplica para el médico, el contador, el arquitecto. Las herramientas cambian qué parte del trabajo tiene valor. Las tareas repetitivas, estandarizables o que simplemente requieren volumen de procesamiento migran hacia la tecnología. Lo que queda es el juicio, el contexto, la relación.

En ventas esto se siente muy de cerca. Hace unos años el miedo era que los CRMs iban a reemplazar a los SDRs. Antes de eso, que el email marketing iba a matar a los vendedores de campo. Ninguna de las dos cosas pasó, pero los vendedores que ignoraron esas herramientas sí se quedaron atrás.

Hoy la conversación es sobre Inteligencia Artificial. Y la pregunta que me parece más importante no es "¿me va a quitar el trabajo?" sino "¿qué parte de mi trabajo ya no debería estar haciendo yo?"

La prospección masiva sin criterio, los follow-ups genéricos, el armado de propuestas desde cero cada vez, la investigación básica de cuentas. Eso ya no necesita horas de un vendedor. Lo que sigue siendo tuyo, y que ningún modelo va a reemplazar en el corto plazo, es el criterio para leer una conversación, la confianza que construyes con un cliente, y la capacidad de navegar una negociación compleja donde entran en juego emociones, política interna y contexto que no está en ningún CRM.

El vendedor que desaparece no es el que usa Inteligencia Artificial. Es el que insiste en trabajar como si no existiera.

Por eso, aunque muchas carreras van a tener que transformarse y algunas sí van a desaparecer, creo que el futuro está lleno de profesiones que todavía no nos imaginamos. Vale la pena soltar la mirada fatalista y empezar a ver el potencial de lo que viene.

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